11M, en memoria de las víctimas del terrorismo

Este lunes 11 de marzo se celebra el Día Europeo de la Víctimas del Terrorismo. Una fecha en la que se cumple el décimo quinto aniversario de una de las mayores tragedias recordadas en nuestro país. Diez de las trece bombas colocadas por terroristas yihadistas explosionaron en cuatro trenes de Cercanías de Madrid dejando 192 víctimas, dejando un imborrable rastro de dolor en una ciudad y en un país entero.

Hoy, a las 11 de la mañana el país recordará a todas las víctimas del terrorismo con un minuto de silencio, que en Córdoba tendrá lugar a las puertas del ayuntamiento. Y es que Córdoba también ha sido víctima del terrorismo. El próximo mes de mayo se cumplirán 23 años de la bomba que la banda terrorista ETA puso en Carlos III.
Fue un día 20 de mayo de 1996, en pleno Mayo Festivo. El reloj no marcaba aún las 8 de la mañana cuando estalló una bomba colocada dentro un contenedor, accionada con temporizador, a la altura del número 11 de la avenida al paso de un autobús de militares que iba camino de la base de Cerro Muriano. La explosión acabó con la vida del sargento Miguel Ángel Ayllón, de 27 años, y dejó a varios heridos, uno de ellos fue Manuel Espino.
Sus familiares nos cuentan que “viajaba en el coche con su mujer, que tenía la costumbre de sentarse detrás del conductor, gracias a eso se salvó, porque la bomba alcanzó el coche por el lado del copiloto, si ella hubiese estado sentada allí no lo habría contado”. Ambos fueron alcanzados por la metralla, él en mayor medida, pero por suerte sobrevivieron al atentado.
Jesús González, cordobés de 62 años recuerda ese fatídico día como si fuera ayer. “Iba de camino al trabajo dirección Avenida de Barcelona cuando escuché un ruido tremendo. En cuanto llegué a la oficina la gente estaba muy asustada, pusimos la radio y escuchamos que acababa de producirse un atentado en Córdoba. Nunca olvidaré el sonido de aquella bomba ni las sensaciones que tuvimos después”.
Los terroristas Maite Pedrosa, Mikel Azurmendi y Asier Ormazábal fueron juzgados y condenados a varios cientos de años de cárcel por este atentado que si bien costó la vida de una persona aún podría haber sido peor según los planes de los terroristas. Civiles, agentes y autoridades de la ciudad, entre ellas el alcalde de entonces, Rafael Merino, se movían por la zona ajenos a que había dos explosivos más ubicados en dos coches robados y aparcados en la misma calle. Los turismos eran un Ford Orion y un Volkswagen Polo, ambos estaban estacionados uno frente a otro. Al parecer el fallo de un detonador evitó una auténtica masacre en Córdoba ese 20 de mayo.
El 6 de agosto de ese mismo año, a los 78 días del suceso, ETA lo volvió a intentar en la capital cordobesa colocando una mochila con 400 gramos de amonal en el Parador de la Arruzafa.  La bomba fue detectada y explosionada por especialistas, eso sí dejando un estruendo que sembró el pánico en todo el barrio y que sobrecogió a la ciudad entera.
Vecinos de la zona relatan que “la Policía estuvo llamando casa por casa y nos decían que no saliéramos porque estaban buscando el coche de los terroristas y porque no sabían si había alguna bomba más”.
Una ciudad marcada por el terror de los recuerdos, por el dolor, y por la memoria de todas aquellas personas víctimas del terrorismo.