Un día con los “sin techo” en el Colegio Mayor Séneca

Hasta 80 personas “sin techo” están, desde los primeros días en los que se decretó el estado de alarma, en el Colegio Mayor Séneca. Un edificio que la Universidad de Córdoba puso a disposición del Ayuntamiento de Córdoba para acoger a estas personas durante el confinamiento

Colegio Mayor Séneca
Fachada del Colegio Mayor Séneca. | PABLO MANSILLA

De no tener uso alguno a convertirse en un símbolo. El Colegio Mayor Séneca, donde quizá vivieron hace años los profesionales sanitarios y se prepararon para lo que hoy son. Ahora abre las puertas a personas que no han tenido tanta suerte en la vida.

Son indigentes. Personas que hasta la expansión de la pandemia en nuestro territorio, e incluso antes, necesitaban ayuda. Una habitación. Ser tratados como ciudadanos. Como lo que son. Porque “cualquier persona puede verse en esta situación”. María Dolores Pastor, coordinadora del Área Social en el Ayuntamiento de Córdoba, indica que “se llega por muchos caminos y no sólo por la pobreza, alcohol o drogas”. Por eso “creo que hay que ayudar”. Lamenta, eso sí, no tener más tiempo para sentarse con ellos para tener “conversaciones largas con ellos y que me explicaran su vida”.

Ojalá tengan oportunidades cuando todo esto pase. Algunas, hasta quince, o bien han encontrado trabajo o han regresado con sus familias. De momento sólo piden que, cuando termine esta situación y el virus siga dando guerra, puedan seguir en este edificio. Mientras se da con la vacuna. Uno de estos usuarios es Francisco. Al igual que sus compañeros juega al dominó. También ha recuperado su pasión por el dibujo. Todo ello después de casi 15 años sufriendo por la crisis. 

De vez en cuando ve la televisión y escucha la radio. Y cuando se informa de lo que está pasando tiene muy claro lo que le gustaría que pasara. “O estamos todos a una o esto será el corral de la pacheca”. En 2006, la crisis del ladrillo le dejó sin techo y viviendo en la calle. Viviendo de las limosnas. De la generosidad de la familia de un municipio cordobés tras llegar desde Granada. Sin recibir ayudas de la Administración Pública. Y con un único vicio: el tabaco. Porque tal y como sentencia, “no tengo ilusiones por nada ni por la clase política”.

Mientras tanto, en el Colegio Mayor Séneca, trabajadores, personal de seguridad… todos ponen su granito de arena para que no les falte de nada. Gestos de solidaridad y de voluntarios que ayudan, por ejemplo, a preparar los menús que los usuarios comen a diario.

Colegio Mayor Séneca
Uno de los voluntarios prepara uno de los platos que comen los usuarios del Colegio Mayor Séneca. | PABLO MANSILLA

José Galán es voluntario, y junto a varios compañeros, “preparamos las bandejas para que los usuarios tengan sus menús listos para comer”. Una experiencia, dice, “gratificante”. Después de almorzar o cenar, pueden leer un libro de tantos que ha cedido a este espacio la Biblioteca Central. Reposar. O en definitiva, convivir. Un verbo que camino de los dos meses de estancia nos sitúa ante “una segunda oportunidad”, tal y como dice la delegada de Servicios Sociales en el Ayuntamiento, Eva Timoteo.

La vida es como una leyenda: no importa que sea larga, sino que esté bien narrada. Si Séneca resucitara, que fue quien dijo esta cita célebre, tendría ochenta historias increíbles que contar.