Y el dueño del balcón se quedó con un palmo de narices

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Viajamos hasta 1921. Un bando del alcalde Francisco Fernández de Mesa anunciaba que, durante la Feria de la Salud, se iba a llevar a cabo un concurso de patios, escaparates y balcones adornados

Enseguida llegaremos a eso. Pero antes, pongámonos en situación. Viajamos hasta 1921, concretamente al 18 de marzo, cuando un bando del alcalde Francisco Fernández de Mesa anunciaba que, durante la celebración de la Feria de la Salud, se iba a llevar a cabo un concurso de patios, escaparates y balcones adornados. Cada uno de ellos dotados con tres premios (100, 75 y 50 pesetas, respectivamente). Algo más elevados en el caso de los escaparates. La condición impuesta es que debían estar los patios y balcones participantes adornados desde la mañana del 24 de mayo hasta el tercer día de feria, 27 a la sazón.

Un único balcón inscrito

El 24 de mayo se celebró el concurso, propiamente dicho, de balcones, patios y escaparates. El jurado estaba constituido por un concejal del Ayuntamiento, el director y un profesor de la Escuela de Artes y Oficios. Amén de dos comerciantes, que se dirigieron a la calle del Pozanco, en la que se hallaba el único balcón inscrito en el concurso, correspondiente a la casa número 5 de la citada calle, habitada por Rafael Rueda Leiva. El jurado acordó no adjudicarle premio alguno, y eso que, según refleja la prensa local, “el antepecho del balcón está cubierto de follaje y flores y sobre él aparecen dos arcos coronados por una cúpula de estilo árabe”. Sería poco “artístico” para el jurado, nos permitimos aventurar 98 años después.

Después de darle en todos los morros al pobre de don Rafael, el jurado se dedicó a visitar los patios inscritos en el concurso para emitir su veredicto. Pues allá que se fueron sus dilectos miembros a los ubicados en la calle Empedrada, número 8, habitado por Francisco Velasco Jurado. Al de la calle Almanzor, 11, donde vivía Eduardo Pino y  al de la calle Buen Pastor número 17, morado por María Salamanca López.

Tres patios a concurso

La descripción que realiza el desconocido plumilla del diario cordobés nos ofrece una panorámica de la decoración, tanto floral como de objetos, que presentaban dichos recintos. En el de la calle Empedrada “aparecen debajo de una parra una numerosa colección de macetas con las flores típicas de los antiguos patios y huertos cordobeses. Entre ellas no faltan los dompedros. En el fondo un cenador de follaje; semioculta en él, una fuente formada con riscos y conchas. En el fondo una muñeca vestida con traje de andaluza. Completan el decorado del patio cuadros con tipos y escenas andaluzas y con retratos de personalidades ilustres y jaulas con pájaros”.

El jurado acordó concederle el primer premio, consistente en 100 pesetas de la época. Se presentaron tres patios, se otorgaron tres premios. Ante el poco éxito de la convocatoria, se tardó años en repetir la experiencia.

En 1927 se celebró el concurso de balcones y ventanas, retomándose en 1933 el concurso de patios.

Y esta es la descripción del primer patio que ganó el primer premio en el que fue el primer concurso de patios organizado por el Ayuntamiento. Y mientras tanto, Rafael Rueda se quedó con un palmo de narices. Compuesto, con balcón y sin premio.