El dueño de los perros que murieron en su coche alega no haber tenido intención de hacerles daño

La defensa ha pedido la libre absolución para su cliente al dar por hecho que no tuvo intención de dolo

El 17 de agosto de 2017, saltaba a la luz el caso de la muerte de nueve perros en Córdoba, tras sufrir un golpe de calor. Dos años más tarde, el dueño de los animales ha sido juzgado por ello y ha alegado que en aquel momento no se le ocurrió pensar que pudiera ocurrir algo así y que, desde luego, no tuvo intención de hacer daño a sus perros.

Dos acusaciones particulares

La Federación de Asociaciones Protectoras de Animales, una de las dos acusaciones particulares personadas en este caso, ha definido como “horno de los horrores” el vehículo donde directamente murieron cinco de los canes. La otra acusación particular ha sido la protectora de animales El Árca de Noé, que ha cuidado desde entonces a la única perra superviviente, Cloe.

Ninguno de estos hechos han sido puestos en duda durante la vista oral. Juicio que ha quedado visto para sentencia, pues el acusado, al que la fiscal considera autor de un delito continuado de maltrato animal y al que las acusaciones particulares culpan de cometer nueve delitos de maltrato animal con resultado de muerte, ha reconocido los hechos.

Diferentes apreciaciones de los testigos

Ello ha sido corroborado por los testigos que han prestado declaración, aunque con diferentes apreciaciones sobre el tiempo que pudieron permanecer los perros encerrados en el vehículo. Algunas declaraciones han llegado a situarlo en dos horas. También sobre el grado de apertura de la ventanilla, entre completamente cerrada y un poco abierta, y sobre si el vehículo, tipo ranchera, estaba al sol o a la sombra. Todas las declaraciones, incluida la de un policía nacional que llegó al lugar alertado por uno de los testigos e intentó abrir la ventanilla, que acabó rompiendo, coincidieron en que varios de los perros ya habían muerto cuando el propio dueño volvió y abrió el vehículo.

Así, el agente ha confirmado, al igual que los testigos, que alguno de los animales muertos ya presentaba rigidez y que el dueño, junto con los testigos, se aprestó a mojar con agua aportada por un vecino a los perros que aún estaban vivos. El acusado puso en duda sobre que la forma en que se mojó a los perros fuese la adecuada. El veterinario que atendió a los cinco perros que no murieron en el interior del vehículo ha confirmado en su declaración que, ante el golpe de calor que habían sufrido los animales, mojarles en la forma que se hizo era adecuada, junto a otras medidas.

Medidas de reanimación

Esas fueron las que, precisamente, aplicó luego el veterinario en su clínica a dos de los cinco perros que le llevaron. A tres tuvo que practicarles la eutanasia directamente, para evitarles sufrimiento, al no haber posibilidad alguna de salvarlos. Lo cuál sí intentó y logró con la mencionada perra Cloe y con otro can que, al no responder al tratamiento, finalmente tuvo que sacrificar. El veterinario ha confirmado que el dueño de los perros, al día siguiente de los hechos (el anterior había permanecido detenido) le abonó la factura por haber atendido a sus perros, que contaban con chip y cartilla.

Buena parte de las preguntas formuladas en el juicio por el fiscal, acusaciones y defensa han girado sobre la cuestión de sí el acusado era consciente o no del riesgo de muerte en que puso a sus perros al dejarlos encerrados en su coche en las circunstancias descritas. Sobre si es un profesional en la cría y adiestramiento de canes o un amante de los perros que ocasionalmente prestaba tales servicio.

Peticiones de condena

Así, la fiscal ha elevado a definitiva su calificación provisional y ha reiterado su petición de dos años de prisión para el acusado por la comisión de un delito continuado de maltrato animal. También, a tres años de inhabilitación especial para el ejercicio de profesión, oficio o comercio que tenga relación con los animales y para la tenencia de animales.

Por su parte las acusaciones particulares han mantenido también sus peticiones iniciales de pena, de entre 12 y 14 meses de prisión por cada uno de los nueve delitos de maltrato animal con resultado de muerte que imputan al dueño de los perros. Quieren que se computen de forma individualizada, para que se le condene al máximo que contempla la Ley, pidiendo también su inhabilitación. El Arca de Noé, ha pedido que pierda la propiedad de la perra Cloe y ésta pueda ser adoptada por otras personas.

Por su parte, la defensa ha pedido la libre absolución para su cliente al dar por hecho de que no tuvo intención de hacer daño a los perros, argumentando que sí pudo cometer una “negligencia” al no preveer las consecuencias de su acción. Según ha subrayado, es que “el delito de maltrato animal exige dolo”, es decir, la “intención inequívoca de causar daño”, y este no es el caso, pues lo ocurrido ha sido “un descuido imprudente”, pero “sin intención”.