El Monasterio de Santa Marta y su vínculo con cofradías cordobesas

Una conferencia de Antonio Varo Pineda repasa curiosidades e intrahistoria de Santa Marta donde  dejaron su huella personajes tan diversos como San Antonio María Claret, Carlos Castilla del Pino o “El Cordobés

Santa Marta
Patio de acceso al Monasterio de Santa Marta de Córdoba

El Monasterio de Santa Marta de Córdoba, ubicado en pleno corazón de Córdoba, fue el protagonista de una singular conferencia del cronista-archivero de la Hermandad de la Misericordia, Antonio Varo, la pasada semana.

Esta conferencia titulada “El perfume de las violetas“, y enmarcada en el XVII Centenario de la muerte de San Jerónimo, orden a la que pertenece la comunidad religiosa que allí reside, sirvió para descubrir aspectos poco conocidos de este recinto.

Santo Rosario y Misericordia

Las religiosas jerónimas que habitan este lugar desde el siglo XV han estado vinculadas directa o indirectamente y en mayor o menor grado a algunas cofradías cordobesas. Desde bien temprano, ya que en 1687 – y fundada por ellas mismas- se instituye la Cofradía del Santo Rosario.

Pero si hay una cofradía a la que ya se hallan indisolublemente unidas es la de la Misericordia. No es para menos ya que dentro de sus muros – y de sus propias entrañas – acogieron con inmenso cariño a los sagrados titulares de la misma.

El Santísimo Cristo de la Misericordia y Ntra. Sra. de las Lágrimas en su Desamparo recibieron la hospitalidad, generosa, y el culto dentro de su iglesia desde 1985 a 1988. Tiempo que permaneció cerrada al público la iglesia, hoy basílica, de San Pedro.

El vínculo de profunda hermandad cristiana y el agradecimiento del Silencio Blanco a esta Comunidad quedó sellado con el nombramiento de ésta como Hermana de Honor de esta cofradía del Miércoles Santo. Vinculación estrecha que se mantiene viva en la actualidad.

Angustias

Estas religiosas jerónimas pertenecían desde 1754 a la Hermandad de Nuestra Señora de las Angustias. Pero por esos lapsus que a veces se producen en la memoria de todos esa relación se “extinguió”. 

En 1987, y a instancias de la cofradía que rinde culto a este sublima imagen de Juan de Mesa y Velasco que puso interés en retomar dicha vinculación, las monjas de Santa Marta “ingresan” de nuevo en esta corporación.

Fue el 31 de julio de 1987, festividad de San Ignacio de Loyola, cuando “nos hicimos cofrades de tan santa y antigua cofradía”, reconocen en un libro que recoge parte de la historia de este convento en el pasado siglo.

Muy poco tiempo después, el 11 de octubre, era coronada canónicamente dicha imagen mariana. La Hermandad radicada entonces en la vecina iglesia de San Pablo nombró como madrina de la misma a esta congregación religiosa.

“Los hermanos de la cofradía nos quisieron dar la gran alegría de traernos profesionalmente a la Santísima Virgen como la traían en siglos pasados para que la venerásemos”, escribe la Madre Sacramento Tovar.

Rescatado y Expiración

Antes de finalizar el siglo XX, el convento recibió y acogió la venerada imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno Rescatado a su regreso de Sevilla donde fue sometido a una restauración. Era el 20 de julio de 1991.

No existía, que se sepa, vinculación con la cofradía trinitaria pero la vecindad del hermano mayor de entonces puede que fuera la que propició dicha estancia. La misma se alargó durante seis días y concluyó con una solemne Eucaristía a la que asistieron otras cofradías de la ciudad.

Ese mismo año, la víspera de la festividad de Ntra. Señora del Rosario, 6 de octubre, las madres jerónimas recibieron la visita de la imagen de este nombre de la Hermandad vecina de la Expiración.

Fue con ocasión del rosario de la aurora que esta cofradía celebra con motivo de sus cultos marianos y esta imagen presidió la Santa Misa en este convento. “Es una alegría ver ese amor tan intenso a la Santísima Virgen”, anotaba la madre cronista.

Visitas ilustres

“Las notas de intrahistoria del convento de Santa Marta de Córdoba en el siglo XX” que Varo fue desgranando entre los muros de este cenobio también aportaron muchas anécdotas y curiosidades allí vividos.

Visitas ilustres como la de San Antonio María Claretal convento durante su visita a Córdoba acompañando a la reina Isabel II de la que era confesor o ya en el pasado siglo de los cardenales Bueno Monreal, Amigo Vallejo o el nuncio Mario Tagliaferri.

Y en otro ámbito bien distinto como las visitas por motivos profesionales del reconocido psiquiatra Carlos Castillo del Pino, “bienhechor” del convento. Y es que nunca cobró sus honorarios como médico y dejó alguna limosna como la de 4.000 pesetas del año 97.

En una de las notas de la madre Tovar puede leerse “…vino el doctor Don Carlos Castilla con un matrimonio (…).Rezamos por él. Con nosotras se porta muy bien pero es una pena que esté alejado de la Iglesia”.

Milagro

Casi seis siglos de existencia dan para mucho. Tanto que incluso, según documentos que han servido de base para esta conferencia, se produjo un milagro “material” en los tiempos de la República. Y fue muy similar al de los panes y los peces narrado en el Evangelio.

Sucedió un Domingo de Ramos cuando a la hora de tocar al refectorio para comer pasaba el tiempo sin que la servidora lo hiciese. Preguntó al respecto la Madre Abadesa y fue informado de lo que ocurría: no había pan por una huelga.

Insistió la superiora, pidió que tocasen y confiasen en Dios y al llegar al refectorio para el almuerzo “con sólo tres o cuatro cortezas duras comió toda la comunidad de veinticuatro monjas, y sobró pan”.

Electricidad, sustento y sucesos

La electricidad llegó a este monasterio nada más y nada menos que en 1951 y la primera máquina lavadora en 1965 cuyo importe ascendió a 15.000 pesetas de entonces. Dinero pagado con limosnas, un tercio del mismo por el torero Manuel Benítez “El Cordobés“.

La comunidad ha logrado sobrevivir no sólo por la generosidad de muchas personas a lo largo de su historia sino por su propio trabajo fiel al mandato monástico “Ora et Labora”. La costura, la cría de gallinas ponedoras y la elaboración de hostias han sido sus principales actividades.

En el pasado siglo la costura y el bordado constituyeron su trabajo principal. Enseres y ornamentos litúrgicos pero también ropa de casa, sábanas y manteles principalmente. Entre los primeros hay constancia de la realización de una mitra bordada en oro para San Juan Pablo II.

En la página de sucesos recogidos en los dos libros sobre los que se sustenta la conferencia de Antonio Varo Pineda cabe reseñar tres de distinta índole ocurridos en la segunda mitad del XX. El primero: el incendio en la cocina en 1962, la caída con resultado de muerte desde el tejado del portero y los tres robos perpetrados en diciembre de 1989.

El que fuera hermano mayor de la Hermandad que estará agradecida a estas religiosas “ad eternam” finalizó su intervención aludiendo a las “violetas” que dan titulo a su ponencia. “Hoy las violetas de Santa Marta siguen emanando su perfume de gracias de Dios y oxígeno espiritual (…). Nosotros sólo tenemos que saber disfrutarlo y aprovecharlo”.