El Santuario de la Virgen de Araceli en Lucena logra la declaración de ‘Diocesano’ por decreto del obispo

Demetrio Fernández manifiesta en el decreto su deseo de que “este reconocimiento diocesano del Real Santuario contribuya a consolidar su importancia y fomentar las visitas de los fieles de toda la Diócesis”

El Obispado de Córdoba ha remitido este jueves a la Real Archicofradía de María Santísima de Araceli de Lucena (Córdoba) el decreto, firmado por el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, mediante el que declarara “Santuario Diocesano de María Santísima de Araceli” al actual Real Santuario, construido en el siglo XVII en la cima de la Sierra de Aras.

Así lo ha anunciado la propia archicofradía lucentina, explicando que el origen de la devoción a la imagen de la Virgen de Araceli venerada en el Real Santuario de Aras, un templo de “gran importancia religiosa como lugar de peregrinación, de oración, devoción mariana y culto al que acuden muchísimos fieles lucentinos y de otros lugares de la geografía diocesana y nacional”, además del valor artístico del santuario, han sido los elementos determinantes para la concesión de la declaración.

En el documento de concesión de la declaración, que fue solicitada por la Obra Pía de María Santísima de Araceli y la Real Archicofradía, el obispo indica que, “con esta declaración de Santuario Diocesano no solo reconozco que, dentro de la geografía diocesana, se trata de un importante lugar sagrado al que, por un motivo peculiar de piedad, acuden en peregrinación numerosos fieles, sino que manifiesto su idoneidad para que se convierta en lugar destacado de peregrinación para todos los fieles de la Diócesis”.

El escrito recoge también la aprobación de los Estatutos del Real Santuario Diocesano en los que se concreta que “en los santuarios se deben proporcionar con más abundancia a los fieles los medios de salvación, predicando cuidadosamente la palabra de Dios, fomentando adecuadamente la vida litúrgica, sobre todo mediante la celebración de la Eucaristía y la penitencia, y practicando también formas aprobadas de piedad popular”.

De igual forma, el decreto determina que el rector del santuario será nombrado por el obispo de la Diócesis y asumirá también el cargo de capellán-administrador de la mencionada Obra Pía de María Santísima de Araceli.

Junto a ello, Demetrio Fernández manifiesta en el decreto su deseo de que “este reconocimiento diocesano del Real Santuario contribuya a consolidar su importancia y fomentar las visitas de los fieles de toda la Diócesis”, por que ha alentado a la archicofradía a “que siga trabajando para promover actos de culto y piedad, evangelización y caridad, y que se fortalezca la fe y la vida cristiana de todos los fieles de Lucena y de la Diócesis”.

Del mismo modo, el obispo espera que el santuario, “como corresponde a su nueva condición, sea modelo para los demás templos de la Diócesis, por la dignidad con la que se celebren la Santa Misa y demás actos de culto en honor a la Santísima Virgen de Araceli coronada, madre de Dios y patrona de Lucena”.