"A mi padre lo mataron por querer salvar a los demás"

Pruebas de ADN a los familiares

Este jueves cientos de personas de distintos puntos de España se han congregado en el Centro Cívico de Poniente para realizarse las pruebas de ADN  que les posibilitarán encontrar a sus seres queridos, abuelos, padres, tíos… familiares represaliados que fueron enterrados en las fosas comunes de los cementerios de Córdoba.
FOTO: RAFA ALCAIDE
Una de estas personas es Jesús Molina, es de Córdoba y busca a sus abuelos maternos, Antonio y Mª del Carmen. Nos cuenta que sus abuelos eran de Castro del Río, “llamaron a mi abuelo que era militar para que viniera a Córdoba, y tardaba mucho en regresar”, un hecho que preocupó a su abuela, madre de ocho hijos entre ellos la madre de Jesús, tercera de los hermanos que tenía 11 años en aquella época. “Se vinieron todos a Córdoba a buscar a mi abuelo porque no regresaba y en ese momento cogieron también a  mi abuela dejando a sus ocho hijos huérfanos y tirados en la calle”.
Cuenta Jesús que los ocho hermanos dormían en La Corredera y se lavaban en el río, hasta que en el año 38 un militar los recogió y los fue llevando a distintos lugares, “a las niñas las metió en la Virgen Milagrosa, a los niños, a uno lo llevó a Los Salesianos, a otro lo puso a trabajar en una finca y al más chico a la Casa Cuna. El mayor de mis tíos no tuvo la misma suerte porque lo cogieron los moros y tuvo que huir pero al final lo mataron y está en el Valle de los Caídos“.
Nos dice Jesús que contarnos su historia le ha servido para desahogarse, y emocionado pide que “ojalá me den los restos de mis abuelos”.
FOTO: RAFA ALCAIDE
María Amparo Ortíz también se emociona al recordar su historia. Es hija de Andrés Ortiz Linares, concejal de la Corporación municipal de Priego de Córdoba detenido y asesinado en 1936 y que recientemente ha sido nombrado ‘Hijo predilecto’ del municipio.
“Mi padre tenía una huerta y nosotros vivíamos en la finca y comíamos de ella. Una noche vinieron a mi casa y se llevaron a mi padre, lo encarcelaron. A los pocos meses empezaron a llevarse gente en camiones, iban todos amarrados con cuerdas, y mi padre, como era del campo, tenía una navajilla guardá. No sé cómo no se dieron cuenta porque los registraban a todos, pero la consiguió esconder”, cuenta Mª Amparo.
“Cuando iban más lejos mi padre sacó la navaja y se cortó las cuerdas. Pudo haberse salvado el primero pero quería salvarlos a todos, así que empezó a cortar las cuerdas de los demás, los hombres empezaron a huir y finalmente un comando que venía detrás se dio cuenta y a mi padre le tocó perder, se salvaron muchos pero él no pudo, y lo mataron por querer salvar a los demás”.
Cuenta que a los pocos días sus hermanos fueron al pueblo a un entierro y volvieron presos del miedo “nadie sabía lo que había pasado y ellos vieron fosas que se movían”. Fue tal el terror de los niños que no paraban de gritar “vienen a por nosotros” y huyeron. Meses más tarde descubrieron que la cuñada de Mª Amparo estaba embarazada, “se pensaron que mi hermano había vuelto y se pasaron noches y noches viniendo al campo a buscar a mi hermano, esperando encontrarlo, nos lo destrozaban todo”.
Terribles historias de familias que recuerdan como si fuera ayer el sufrimiento de aquella época. Un dolor que esperan que se acabe cuando encuentren a sus seres queridos, algo de lo que cada día están más cerca.
Pruebas de ADN a los familiares