¿Halloween o Todos los Santos?

Esta fiesta importada de Estados Unidos ha calado en la ciudad. Pero tampoco hay que olvidar de dónde venimos y la tradición de recordar a nuestros seres queridos llenando de flores nuestros cementerios

Es muy probable que hayan paseado por la calle y se hayan encontrado con personajes terroríficos. Brujas, payasos asesinos, zombies… Como es habitual, la madrugada del 31 de octubre al 1 de noviembre (Todos los Santos) es sinónimo de fiestas privadas tanto en Córdoba como en muchas otras ciudades anglosajonas y españolas con motivo de la festividad de Halloween.

Halloween o Todos los Santos

En Córdoba, la oferta es amplia y variada. Desde la programación en Cortylandia operativa desde el 25 de octubre hasta una fiesta en el Centro Cívico de Villarrubia que incluirá un concurso de disfraces, animación y una merienda terrorífica. Pasando por un taller de reciclaje fijado para este viernes, 1 de noviembre, a partir de las once y media de la mañana.

La festividad de Halloween es de carácter pagano, todo lo contrario que la de Todos los Santos. El terror es una de las características de esta fiesta. Además de la calabaza como icono simbólico, o el famoso truco o trato de los niños pidiendo dulces para no recurrir a la simpática broma. Una imagen que contrasta con otra bien diferente.

Visión cristiana con la festividad de Todos los Santos frente a Halloween

Días festivos que cada uno vivirá a su manera, como la canción hecha famosa por Sinatra. Así mientras unos, cada vez más, celebren Halloween habrá quienes celebren y recuerden, desde la fe cristiana, a esos santos, la mayoría de ellos desconocidos, que viven junto a Dios.

Una fiesta, la de los Santos, que según la Iglesia Católica hay que vivir desde la Esperanza y desde la Alegría. Sabiendo que todos los bautizados en Cristo estamos llamados a participar de ésta cuando alcancemos el Cielo prometido.

También para muchos será el momento, en el que de una manera especial, recordarán a aquellos seres queridos que ya partieron, aquellos a los que, desde esta dimensión espacio temporal, no podemos besar, acariciar o tocar y cuya vida segó la dama de la guadaña.

Una muerte que para los creyentes en Dios no es un fin en sí misma, ni un hecho para celebrar paganamente, sino un paso necesario, inevitable, para encontrarnos o, mejor dicho, reencontrarnos con Aquel en quien siempre confiamos.