Ni estudios ni trabajos: los universitarios no quieren matemáticas

Cristina Pedrosa Jesús, profesora de la UCO.

Pese a que la consideran una asignatura útil, tanto académicamente como para sus carreras profesionales, en un rechazo que presenta un sesgo de género

Los estudiantes universitarios ni quieren estudiar ni trabajar con las matemáticas, pese a que la consideran una asignatura útil, tanto académicamente como para sus carreras profesionales, en un rechazo que presenta un sesgo de género.

Una tesis doctoral defendida en la Universidad de Córdoba por Cristina Pedrosa Jesús, que recibió la calificación de sobresaliente cum laude, concluye que “a los estudiantes no les agradan las matemáticas, no se divierten usándolas, ni hablando de ellas, ni se sienten motivados para estudiarlas, por lo que no cursarían asignaturas de matemáticas de manera voluntaria, ni querrían un trabajo en el cual tuvieran que utilizarlas”.

Pese a ello, entienden que “la asignatura es útil” y confían “en poder dominarla si quisieran” al tiempo que se sienten “bien cuando consiguen resolver problemas matemáticos”.

En una conversación con Efe, Pedrosa, graduada en Educación Primaria y profesora del Departamento de Matemáticas dentro del Área de Didáctica de la Facultad Ciencias de la Educación de la Universidad de Córdoba, muestra su preocupación por cómo van a enseñar la asignatura “futuros maestros”, a los que da clases, cuando “realmente no les gusta lo que de algún modo les van a transmitir a sus estudiantes”.

Esto genera, en su opinión, “un ciclo, porque si están saliendo maestros y profesores que no quieren tratar con las matemáticas, sus estudiantes recibieran una educación en la que su actitud ante las matemáticas será peor”, éstos crecen, llegan a la universidad y mantienen el rechazo hacia la materia sobre la que han recibido, además, una peor formación.

Para encontrar el origen de esta contrariedad, Cristina Pedrosa señala que hay una clara asociación a “una asignatura muy difícil” y al planteamiento de que “las matemáticas son problemas y los problemas los asociamos a algo que hay que evitar”, pero también plantea un sesgo de género.

De hecho, su tesis detecta que “los hombres sienten más confianza en su capacidad para trabajar con matemáticas, mientras que las mujeres, aun teniendo un mejor concepto de la materia, considerándolas útiles e interesantes, sienten más temor y nervios cuando tienen que enfrentarse a ellas”.

Claramente identifica un sesgo de género que no se abordado de manera específica en su trabajo, aunque está en la iniciativa del mismo, que narra en primera persona. A ella le gustan las matemáticas “desde pequeña”, pero, en cambio, siempre se ha encontrado con la recomendación que no era camino para una mujer.

Incluso, en un máster, en la que era la única alumna en una clase de hombres y donde se encontró con “un profesor que era buenísimo en matemáticas”, cada explicación acababa con una de estas frases. O bien “Cristina, ¿lo has entendido?” o “Cristina, ¿te has enterado?”.

Al plantearle si no es un poco simple que personas a las que se les debe reconocer un nivel intelectual por encima de la media, como estudiantes universitarios que son, rechacen las matemáticas con argumentos tan básicos y sin sustento científico, la doctora destaca que “esa es la importancia, precisamente, de realizar la tesis sobre las actitudes hacia las matemáticas”.

Se trata, enfatiza, de “ver que estudiantes que son universitarios, que deberían tener cierto nivel y más también que grados en que tienen asignaturas de matemáticas, descubrir que no tienen ningún interés en trabajar con las matemáticas ni nada relacionado, es destacable”.

La tesis se ha generado con una muestra total de 1.293 estudiantes, donde las respuestas han llegado de manera abrumadora por parte de las mujeres, 830, el 67 por ciento, frente a 453 hombres, el 33 por ciento, de distintas titulaciones de la Universidad de Córdoba en la que se imparte la asignatura: Ingeniería Agroalimentaria, Biología, Ciencia y Tecnología de los Alimentos, Educación Infantil, Ingeniería Informática, Educación Primaria y Turismo.

Otro rasgo de género ha salido de este cuestionario. Las mujeres, concluye la tesis, “suelen decantarse por titulaciones relacionadas con las ciencias sociales, mientras que los hombres prefieren las ingenierías”.

Por grados, los que estudian Ciencia y Tecnología de los Alimentos presentan la actitud más negativa en la mayoría de los ítems analizados, mientras, por el contrario, la actitud más positiva se da en Ingeniería Agroalimentaria y en Ingeniería Informática.

Son los matriculados en Educación Infantil y Educación Primaria quienes “presentan menos nervios al enfrentarse a las matemáticas y los que las consideran más interesantes”.